Vincent Commenne,
julio de 2006
[leer
el principio]
La noción de desarrollo sustentable
es cada vez más reconocida como el
marco que permite acceder a una mejor calidad
de vida para la mayor cantidad de gente posible
y en el largo plazo. Este tipo de desarrollo
intenta garantizar la satisfacción
de nuestras necesidades actuales sin comprometer
las necesidades de las generaciones futuras.
Para ello, busca equilibrar las preocupaciones
económicas, sociales y ambientales,
velando por que cada uno de esos polos se
desarrolle de la mejor manera posible, pero
sin hacerlo en perjuicio de otro. El desarrollo
sustentable se ha tornado entonces lo suficientemente
indiscutible como para formar parte ahora
de las políticas gubernamentales de
muchos países industrializados, al
menos en lo que respecta a sus preocupaciones
ambientales.
La Agenda 21, documento de referencia en
lo relativo al desarrollo sustentable, va
más lejos que el Informe Brundtland.
Aporta una respuesta breve y decisiva a la
cuestión de las responsabilidades,
a través de la constatación
siguiente: “la principal causa de la
degradación continua del medioambiente
mundial es un esquema de consumo y de producción
no viable, particularmente en los países
industrializados, que es extremadamente preocupante
en la medida en que agrava la pobreza y los
desequilibrios”. Así queda dicho:
producimos y consumimos de manera no sustentable.
¿Cuál es nuestra responsabilidad
frente a las generaciones futuras que, como
dice la máxima, nos están prestando
la tierra?
Tal como lo señala la Agenda 21, tenemos
que modificar esos esquemas no sustentables
para reemplazarlos poco a poco por modos de
producción y de consumo que tomen más
en cuenta la dimensión social y la
dimensión ambiental. ¿Cómo
hacer? ¿Quién puede hacerlo?
Estas son las cuestiones que no podemos ignorar.
Fragmento de Responsabilidad
social y ambiental: el compromiso de los actores
económicos – una guía
para promover la ética y el desarrollo
sustentable, publicado en julio 2006 por
las Éditions Charles Léopold
Mayer, coordinado por Vincent Commenne, cofinanciado
por la Fundación Charles Léopold
Mayer para el Progreso del hombre y la Comisión
Europea (DG Empleo y Asuntos Sociales e igualdad
de oportunidades).