Este mundo posee un potencial maravilloso
y, al mismo tiempo, suenan muchas señales
de alarma, accionadas por expertos que llaman
nuestra atención sobre el hecho de
que nuestro modo de vida actual no es sustentable:
¡ no podemos seguir así! El crecimiento
económico, tal como se lo plantea desde
hace algunas décadas, crea un estrés
social y ecológico cada vez más
importante. Las presiones sobre los sistemas
y recursos naturales se intensifican. La economía
se extiende pero el ecosistema del cual depende
no se extiende y esa diferencia crea una relación
cada vez más tensa. Los indicadores
ambientales clave cada vez son más
negativos. Los bosques se reducen, las napas
freáticas se contaminan, los suelos
se erosionan, cada vez hay menos peces, los
ríos se secan, los corales mueren,
desaparecen especies vegetales y animales
enteras, etc.
Nos comportamos como si no fuéramos
a tener descendencia…
Entre los países denominados “desarrollados”
y los demás, la fractura aumenta: ricos
más ricos, pobres más pobres
y las posibilidades de ascenso son cada vez
más remotas. Dentro de nuestros mismos
países, esta fractura entre ricos y
pobres también aumenta.
Nos comportamos como si no existiera la familia
humana…
Un crecimiento que muchos de nosotros disfrutamos.
Pero un crecimiento cuyos frutos van principalmente
y cada vez más hacia los más
pudientes, un crecimiento que contamina y
explota sin discernimiento real este patrimonio
limitado que nos es confiado: el medioambiente
natural. A tal punto que algunos nos predicen
importantes catástrofes en el plano
ecológico, en el social, o en ambos.
¿De quién es la culpa?
Más que hablar de “culpa”,
preferimos enunciar esto en los siguientes
términos: “¿quién
originó estos desequilibrios?”
y, luego, “¿de quién es
la responsabilidad?” Y por último,
“¿ese mismo ‘quién’
puede y quiere participar en el proceso de
reequilibrar lo que necesita ser reequilibrado?”
En 1987 las Naciones Unidas publicaron el
Informe Brundtland. El mismo hacía
hincapié en la correlación existente
entre la pobreza en el mundo y la degradación
de los medios naturales. También demostraba
que el crecimiento económico sostenido
en el tiempo, la lucha contra la pobreza y
la buena gestión del medioambiente
a menudo iban juntos. Ese informe es el primero
que define el concepto de desarrollo sustentable
(sustainable development), que presupone por
lo tanto la existencia de un tipo de desarrollo
económico ecológicamente correcto
y socialmente justo.
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